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Archive for 26 noviembre 2010


El hospital Gregorio Marañón ha iniciado un proyecto para desarrollar corazones bioartificiales. Tras ‘vaciar’ varios corazones de donantes, ahora se rellenarán con células madre de los propios pacientes. En caso de éxito, se conseguiría aumentar el número de órganos disponibles, disminuyendo las posibilidades de rechazo. 

Imagina que quieres hacer un corazón usando unas cuantas canicas y que para ello has decidido usar como molde una caja de bombones con esa misma forma. Ahora, imagina a Cristina Garmendia, la ministra de Ciencia e Innovación, y a Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, juntas en un hospital de la capital porque hay quien ya sabe cómo vaciar la caja de bombones (no resulta tan fácil como parece) y en ese hospital van a tratar de llenarla con canicas (lo que también es más difícil de lo que parece). Pues bien, la escena de las dos políticas es real, y la caja de bombones es una imagen sobre lo que puede ser el futuro de los transplantes: la construcción de órganos bioartificiales (…)

 

Puedes seguir leyendo este artículo en la web de Tercer Milenio, suplemento de ciencia de El Heraldo de Aragón.  

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Cuando una estrella está a punto de entrar en un agujero negro emite lo que a nosotros nos puede parecer un grito, una llamada de muerte. Lo que sucede en realidad es que en ese justo momento tiene lugar una aceleración de partículas que emite gran cantidad de rayos gamma, unos rayos de alta energía que sólo ciertos telescopios pueden detectar. Uno de esos telescopios es el MAGIC, en Canarias, y la metáfora corresponde a uno de los científicos que trabajan con él.

Es muy buena la metáfora. Acerca datos que en un principio podrían resultar “fríos”, asépticos. Luego, el mismo científico dice también que esos datos nos permiten entendernos como humanos. Aquí ya no sé si la ilusión se vuelve ingenua. Lo pensaré mientras escribo.

Mientras escribo sobre el documental en que aparece, que se titula “Universo Extremo” y que hace unos días se proyectó en la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona. Para presentarlo estaban su directora, Maria Teresa Soto, y Jose Ignacio Latorre, director del Centro de Ciencias de Benasque, de donde parte el proyecto. “Universo Extremo” hace referencia a aquellos lugares en los que las leyes físicas que conocemos se encuentran en tensión, en el límite, donde no terminan de encajar. El propósito era hacer llegar al público un tema que ahora mismo es “frontera” en ciencia de una forma cercana y accesible pero a la vez rigurosa. Intentando mostrar además la ilusión de los científicos implicados. Y lo consiguen.

(Pienso que seguramente lo consiguen gracias a un proceso de complementariedad, aunque esto quizá sea aventurarse. Me aventuro: en la presentación la directora del documental tiende a hablar de ilusión, de cercanía, de personas. Usa un lenguaje suave, que tiende a lo humano. El director del Centro de Benasque, catedrático de física, se dirige más a la rigurosidad, al proyecto, contesta con precisión a las preguntas más técnicas. También es suave, pero de otra manera suave. La conjunción, creo, es la que logra el objetivo.)

Durante los 26 minutos del documental se suceden cortes de entrevistas a una serie de científicos que trabajan en relación con el tema. Las imágenes se envuelven casi de forma constante con una música compuesta específicamente para la ocasión y se acompañan de una cuidada infografía que apoya continuamente los conceptos. El resumen científico es el siguiente:

En los lugares más alejados del universo tienen lugar una gran cantidad de fenómenos “violentos”. Cuando éstos se producen (o se produjeron, ya que mirar lejos es en realidad mirar antes) se libera una gran cantidad de energía, emitiéndose rayos gamma. Estos rayos no son visibles, ni siquiera para la mayoría de los telescopios. Para captarlos se aprovecha un fenómeno físico que tiene lugar en la atmósfera: cuando los rayos la atraviesan emiten una luz azulada, conocida como luz de Cherenkov (un científico ruso que ganaría el Nobel por este concepto), debido a que se aceleran y viajan a una velocidad superior a la luz en ese mismo medio. Es algo similar a lo que ocurre cuando los aviones superan la velocidad del sonido y emiten un estallido. El telescopio MAGIC, ubicado en La Palma, es capaz de captar estos destellos “azules”, para lo cual necesita acoplar dos telescopios de 17 metros de diámetro cada uno. El proceso es, por tanto, diferente al de otro de los telescopios últimamente más mediáticos: hace unos meses pudimos ver las imágenes del universo captadas por el telescopio Planck. En este caso lo que se detectan son radiaciones de fondo de microondas que nos “hablan” del origen del universo, y para ello el telescopio debe salir de la atmósfera, orbitar alrededor de la Tierra y evitar cualquier interferencia. MAGIC, en cambio, necesita esa interferencia para captar, no la radiación de fondo, sino los rayos gamma que provienen de las zonas donde más violencia existe, donde las estrellas gritan.

El documental es el primero de una serie que pretende realizarse sobre los más diversos temas. Por el momento éste ya ha resultado finalista en la Bienal de Cine Científico de Ronda (Málaga). Su propósito es el que dijimos antes: hacer llegar al público un tema que es “frontera” en ciencia de una forma cercana y accesible pero a la vez rigurosa. Sus destinatarios incluyen a los alumnos de institutos, con el objetivo de acercar a los estudiantes a la investigación científica, a veces tan lejana y muchas otras tan maltratada. Pero también a un público más general: por sus derechos ya se han interesado cadenas nacionales y han sido adquiridos por la Televisión de Aragón.

Agujero negro emitiendo rayos gamma. NASA

Vuelvo al comienzo. He ido pensando si estos datos nos ayudan a entendernos como humanos. Imagino estrellas que “gritan” y pienso en leyes en tensión, en el límite, donde lo hasta ahora conocido pugna con nuevas leyes que han de establecerse para entender nuevas situaciones. Situaciones que, paradójicamente, son las más antiguas. Pienso en las decisiones propias, las de cada uno, y los cambios que llevan a que también tengamos que adaptarnos, buscarnos nuevas leyes pero sin olvidar todo lo que ya pasamos y que también nos sirve, si no de ancla, sí de referencia. Puede que el proceso que me lleva al símil sea parecido al de los rayos gamma y las estrellas pidiendo auxilio.

Quizá los datos no nos explican, quizá nos explicamos con ellos.

En cualquier caso, bendita curiosidad.

 

VER TRAILER DEL DOCUMENTAL ‘UNIVERSO EXTREMO’ pinchando aquí.

 

Artículo previamente publicado en el blog de Tercer Milenio, suplemento de El Heraldo de Aragón (19/11/2010)

 

Jesús Méndez

 

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La utilidad de la ficción 

Conflicto de interés: confieso que la visión de alguien leyendo me predispone; que pienso en que las posibilidades de simpatizar son ya desde un primer momento mayores. 

Resulta especialmente sencillo ahora mismo, con la magna crisis, con el terror del paro, desdeñar lo que se conoce como literatura de ficción. Son tiempos de arrimar el hombro, de ser “productivos” ­–en el sentido en que algo debe ser “económicamente” productivo-, del famoso valor añadido. Aunque quizás siempre fue sencillo: recuerdo aquéllos que hace años me decían que eran una pérdida de tiempo las novelas, un juego inútil el ajedrez. Ahora, por fin, una serie de estudios me permiten contradecirlos:

El año pasado, un grupo de la Universidad de Washington publicó un artículo llamativo, pero en el fondo no alejado de la intuición: en su estudio escogieron 28 participantes y les dieron a leer un texto de ficción. Mientras, analizaban por resonancia magnética las partes del cerebro que más trabajaban al leer. Las conclusiones, contundentes: los lectores no eran sujetos pasivos, en ellos se activaban las mismas áreas cerebrales que cuando vivían la “realidad”. Por ejemplo, cuando leían que uno de los personajes jugaba con un objeto, se activaban las áreas responsables de la planificación y ejecución de movimientos. Es decir, al leer, los participantes jugaban, vivían literalmente el personaje. De hecho, y en relación con esto, los saltadores de altura, que pueden estar hasta un minuto antes del salto con los ojos cerrados visualizando cada movimiento, están realmente entrenando sin moverse: se ha demostrado que la visualización mejora la fuerza y la coordinación, porque también entonces se ejercitan las áreas del cerebro responsables del movimiento.

(Yo, diestro cerrado, recuerdo la primera vez que vi a Denilson, aquel jugador brasileño por el que el Betis pagó más de 5.000 millones de pesetas. Hacía cosas tan increíbles con su pierna izquierda que, tras soñar con él, fui absolutamente zurdo por un día.)

Pero, ¿por qué es útil la lectura? ¿Qué es lo que entrena? ¿Por qué, además de placentera, puede ser productiva? Fundamentalmente, porque desarrolla la empatía, y si hay algo que se ha demostrado productivo es el trabajo en equipo, la inteligencia emocional. Cuando en otro estudio anterior se analizaron las capacidades interpersonales de los participantes, se vio que los mejores eran aquellos que leían libros de ficción. Pero no sólo eso; después se dividieron en dos grupos al azar: unos leyeron La dama del perrito, de Chejov, y otros una versión del cuento desdramatizada, mucho más neutra: nada más acabar la lectura se les realizó un test que reflejaba el grado de empatía. ¿Los resultados? Los primeros fueron superiores.

Sin embargo, sigue resultando sencillo criticar aquello que no es tangible, que no otorga resultados visibles, inmediatos. Lo decía Ricardo Piglia en su novela Respiración artificial: “Los tiempos han cambiado, las palabras se pierden cada vez con mayor facilidad, uno puede verlas flotar en el agua de la historia, hundirse, volver a aparecer, entreveradas en los camalotes de la corriente. Ya habremos de encontrar el modo de encontrarnos.”

Sí, se hunden, pero vuelven a aparecer.

 

Artículo escogido: Speer NK, Reynolds JR, Swallow KM, Zacks JM. Reading stories activates neural representations of visual and motor experiences. Psychol Sci. 2009 Aug;20(8):989-99. (versión gratuita)

Jesús Méndez 

Una versión adaptada de este artículo se ha publicado en Tercer Milenio, suplemento de El Heraldo de Aragón (2/11/2010)

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