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Quizá la noche de Reyes sea aún más importante de lo que pensábamos. Que la compañía, los juegos y la curiosidad son preferibles a la soledad y al aburrimiento era algo que ya suponíamos. Pero que además podrían protegernos contra el cáncer era bastante más difícil de imaginar.

Precisamente esta idea es la que se sugiere (y, en animales de laboratorio se demuestra) en un artículo reciente de la prestigiosa revista ‘Cell’. Para estudiarlo se repartieron al azar ratones en dos tipos de jaulas distintas: unas eran las que suelen usarse en investigación, una mera estructura con comida y bebida y cuatro animales en cada una. Las otras eran mucho más grandes, cabían hasta veinte ratones. Y además incluían escaleras, ruedas para que los ratones pudieran correr, tubos irregulares por donde podían entrar y salir… Y cada cierto tiempo los juguetes se cambiaban de lugar o se sustituían por otros. Es lo que se conoce como ‘ambiente enriquecido’, que ya se ha demostrado eficaz a la hora de estimular la memoria y el aprendizaje. Lo que los autores del artículo vieron es que, además, este tipo de ambiente es capaz de frenar el avance de distintos tipos de tumores o incluso evitar su aparición. Para ello, por ejemplo, inocularon células de melanoma a cada ratón y comprobaron cómo se comportaban con el tiempo. Pues bien, a las 6 semanas, los ratones que vivían en las jaulas con juguetes tenían un 77% menos de masa tumoral que los ratones control. Pero además, el 17% ni siquiera había desarrollado un tumor visible, mientras que en todos los ratones ‘aburridos’ se observaban ya los correspondientes melanomas.

Los autores, además, describen el mecanismo que puede llevar a esta protección: los ratones estimulados tienen mayor cantidad de un factor llamado BDNF, una proteína implicada en la plasticidad cerebral. Por el contrario, presentan niveles mucho menores de leptina, una hormona que aumenta cuando la grasa se acumula y que se ha relacionado con diferentes tumores. Y, de hecho, ambas moléculas se relacionan, ya que el BDNF reduce la secreción de leptina. La prueba de que este puede ser el mecanismo es que cuando se usaron ratones incapaces de producir BDNF o cuando se suministró leptina de forma exógena, el ambiente enriquecido no redujo los tumores. En cualquier caso, uno podría pensar que es en realidad el ejercicio el que protege (el ejercicio favorece la plasticidad cerebral y reduce la grasa) pero cuando a los animales no se les daban juguetes, sino únicamente una rueda para correr, los resultados, aunque positivos, fueron bastante inferiores.

Si todo esto sucede también en los humanos, y hasta qué punto, aún se desconoce. Eso sí, aquello de ‘mens sana in corpore sano’ parece no tener límites. Ni siquiera en la noche de Reyes.

EL PUNTO DE PARTIDA DE ESTA ENTRADA FUE ESTE ARTÍCULO.

Este post fue publicado previamente en Tercer Milenio, suplemento de ciencia de El Heraldo de Aragón.

Jesús Méndez

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Cuando una estrella está a punto de entrar en un agujero negro emite lo que a nosotros nos puede parecer un grito, una llamada de muerte. Lo que sucede en realidad es que en ese justo momento tiene lugar una aceleración de partículas que emite gran cantidad de rayos gamma, unos rayos de alta energía que sólo ciertos telescopios pueden detectar. Uno de esos telescopios es el MAGIC, en Canarias, y la metáfora corresponde a uno de los científicos que trabajan con él.

Es muy buena la metáfora. Acerca datos que en un principio podrían resultar “fríos”, asépticos. Luego, el mismo científico dice también que esos datos nos permiten entendernos como humanos. Aquí ya no sé si la ilusión se vuelve ingenua. Lo pensaré mientras escribo.

Mientras escribo sobre el documental en que aparece, que se titula “Universo Extremo” y que hace unos días se proyectó en la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona. Para presentarlo estaban su directora, Maria Teresa Soto, y Jose Ignacio Latorre, director del Centro de Ciencias de Benasque, de donde parte el proyecto. “Universo Extremo” hace referencia a aquellos lugares en los que las leyes físicas que conocemos se encuentran en tensión, en el límite, donde no terminan de encajar. El propósito era hacer llegar al público un tema que ahora mismo es “frontera” en ciencia de una forma cercana y accesible pero a la vez rigurosa. Intentando mostrar además la ilusión de los científicos implicados. Y lo consiguen.

(Pienso que seguramente lo consiguen gracias a un proceso de complementariedad, aunque esto quizá sea aventurarse. Me aventuro: en la presentación la directora del documental tiende a hablar de ilusión, de cercanía, de personas. Usa un lenguaje suave, que tiende a lo humano. El director del Centro de Benasque, catedrático de física, se dirige más a la rigurosidad, al proyecto, contesta con precisión a las preguntas más técnicas. También es suave, pero de otra manera suave. La conjunción, creo, es la que logra el objetivo.)

Durante los 26 minutos del documental se suceden cortes de entrevistas a una serie de científicos que trabajan en relación con el tema. Las imágenes se envuelven casi de forma constante con una música compuesta específicamente para la ocasión y se acompañan de una cuidada infografía que apoya continuamente los conceptos. El resumen científico es el siguiente:

En los lugares más alejados del universo tienen lugar una gran cantidad de fenómenos “violentos”. Cuando éstos se producen (o se produjeron, ya que mirar lejos es en realidad mirar antes) se libera una gran cantidad de energía, emitiéndose rayos gamma. Estos rayos no son visibles, ni siquiera para la mayoría de los telescopios. Para captarlos se aprovecha un fenómeno físico que tiene lugar en la atmósfera: cuando los rayos la atraviesan emiten una luz azulada, conocida como luz de Cherenkov (un científico ruso que ganaría el Nobel por este concepto), debido a que se aceleran y viajan a una velocidad superior a la luz en ese mismo medio. Es algo similar a lo que ocurre cuando los aviones superan la velocidad del sonido y emiten un estallido. El telescopio MAGIC, ubicado en La Palma, es capaz de captar estos destellos “azules”, para lo cual necesita acoplar dos telescopios de 17 metros de diámetro cada uno. El proceso es, por tanto, diferente al de otro de los telescopios últimamente más mediáticos: hace unos meses pudimos ver las imágenes del universo captadas por el telescopio Planck. En este caso lo que se detectan son radiaciones de fondo de microondas que nos “hablan” del origen del universo, y para ello el telescopio debe salir de la atmósfera, orbitar alrededor de la Tierra y evitar cualquier interferencia. MAGIC, en cambio, necesita esa interferencia para captar, no la radiación de fondo, sino los rayos gamma que provienen de las zonas donde más violencia existe, donde las estrellas gritan.

El documental es el primero de una serie que pretende realizarse sobre los más diversos temas. Por el momento éste ya ha resultado finalista en la Bienal de Cine Científico de Ronda (Málaga). Su propósito es el que dijimos antes: hacer llegar al público un tema que es “frontera” en ciencia de una forma cercana y accesible pero a la vez rigurosa. Sus destinatarios incluyen a los alumnos de institutos, con el objetivo de acercar a los estudiantes a la investigación científica, a veces tan lejana y muchas otras tan maltratada. Pero también a un público más general: por sus derechos ya se han interesado cadenas nacionales y han sido adquiridos por la Televisión de Aragón.

Agujero negro emitiendo rayos gamma. NASA

Vuelvo al comienzo. He ido pensando si estos datos nos ayudan a entendernos como humanos. Imagino estrellas que “gritan” y pienso en leyes en tensión, en el límite, donde lo hasta ahora conocido pugna con nuevas leyes que han de establecerse para entender nuevas situaciones. Situaciones que, paradójicamente, son las más antiguas. Pienso en las decisiones propias, las de cada uno, y los cambios que llevan a que también tengamos que adaptarnos, buscarnos nuevas leyes pero sin olvidar todo lo que ya pasamos y que también nos sirve, si no de ancla, sí de referencia. Puede que el proceso que me lleva al símil sea parecido al de los rayos gamma y las estrellas pidiendo auxilio.

Quizá los datos no nos explican, quizá nos explicamos con ellos.

En cualquier caso, bendita curiosidad.

 

VER TRAILER DEL DOCUMENTAL ‘UNIVERSO EXTREMO’ pinchando aquí.

 

Artículo previamente publicado en el blog de Tercer Milenio, suplemento de El Heraldo de Aragón (19/11/2010)

 

Jesús Méndez

 

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La utilidad de la ficción 

Conflicto de interés: confieso que la visión de alguien leyendo me predispone; que pienso en que las posibilidades de simpatizar son ya desde un primer momento mayores. 

Resulta especialmente sencillo ahora mismo, con la magna crisis, con el terror del paro, desdeñar lo que se conoce como literatura de ficción. Son tiempos de arrimar el hombro, de ser “productivos” ­–en el sentido en que algo debe ser “económicamente” productivo-, del famoso valor añadido. Aunque quizás siempre fue sencillo: recuerdo aquéllos que hace años me decían que eran una pérdida de tiempo las novelas, un juego inútil el ajedrez. Ahora, por fin, una serie de estudios me permiten contradecirlos:

El año pasado, un grupo de la Universidad de Washington publicó un artículo llamativo, pero en el fondo no alejado de la intuición: en su estudio escogieron 28 participantes y les dieron a leer un texto de ficción. Mientras, analizaban por resonancia magnética las partes del cerebro que más trabajaban al leer. Las conclusiones, contundentes: los lectores no eran sujetos pasivos, en ellos se activaban las mismas áreas cerebrales que cuando vivían la “realidad”. Por ejemplo, cuando leían que uno de los personajes jugaba con un objeto, se activaban las áreas responsables de la planificación y ejecución de movimientos. Es decir, al leer, los participantes jugaban, vivían literalmente el personaje. De hecho, y en relación con esto, los saltadores de altura, que pueden estar hasta un minuto antes del salto con los ojos cerrados visualizando cada movimiento, están realmente entrenando sin moverse: se ha demostrado que la visualización mejora la fuerza y la coordinación, porque también entonces se ejercitan las áreas del cerebro responsables del movimiento.

(Yo, diestro cerrado, recuerdo la primera vez que vi a Denilson, aquel jugador brasileño por el que el Betis pagó más de 5.000 millones de pesetas. Hacía cosas tan increíbles con su pierna izquierda que, tras soñar con él, fui absolutamente zurdo por un día.)

Pero, ¿por qué es útil la lectura? ¿Qué es lo que entrena? ¿Por qué, además de placentera, puede ser productiva? Fundamentalmente, porque desarrolla la empatía, y si hay algo que se ha demostrado productivo es el trabajo en equipo, la inteligencia emocional. Cuando en otro estudio anterior se analizaron las capacidades interpersonales de los participantes, se vio que los mejores eran aquellos que leían libros de ficción. Pero no sólo eso; después se dividieron en dos grupos al azar: unos leyeron La dama del perrito, de Chejov, y otros una versión del cuento desdramatizada, mucho más neutra: nada más acabar la lectura se les realizó un test que reflejaba el grado de empatía. ¿Los resultados? Los primeros fueron superiores.

Sin embargo, sigue resultando sencillo criticar aquello que no es tangible, que no otorga resultados visibles, inmediatos. Lo decía Ricardo Piglia en su novela Respiración artificial: “Los tiempos han cambiado, las palabras se pierden cada vez con mayor facilidad, uno puede verlas flotar en el agua de la historia, hundirse, volver a aparecer, entreveradas en los camalotes de la corriente. Ya habremos de encontrar el modo de encontrarnos.”

Sí, se hunden, pero vuelven a aparecer.

 

Artículo escogido: Speer NK, Reynolds JR, Swallow KM, Zacks JM. Reading stories activates neural representations of visual and motor experiences. Psychol Sci. 2009 Aug;20(8):989-99. (versión gratuita)

Jesús Méndez 

Una versión adaptada de este artículo se ha publicado en Tercer Milenio, suplemento de El Heraldo de Aragón (2/11/2010)

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HdH vuelve a colaborar con Tercer Milenio, el suplemento de ciencia de El Heraldo de Aragón. Esta vez sobre las promesas que esconde la vitamina D. El resumen, en el subtítulo:

“Hasta hace poco, cuando se oía hablar de la vitamina D se pensaba únicamente en los huesos, el calcio o la osteoporosis en mujeres posmenopáusicas. Desde hace unos años, sin embargo, el déficit de esta vitamina se ha relacionado con otras enfermedades, como el cáncer, la diabetes, la hipertensión, la esclerosis múltiple o incluso la depresión, por lo que algunos expertos recomiendan ya tomar suplementos. ¿Qué hay de cierto en todo ello? ¿Estamos ante una nueva panacea universal?”

Puedes leerlo aquí: Vitamina D, la vitamina del sol.

 

Jesús Méndez

 

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Poco que añadir al título: parte de HdH debuta en el mundo de la divulgación reglada. El tema -dividido en 4 noticias-: las enfermedades transmitidas por vectores, una entusiasta y una pintura que puede servir como escudo, que puede cambiar una realidad. El link, a continuación:

Tercer Milenio: Cuando la enfermedad vuela -insectos en el punto de mira-.  

 

Jesús Méndez

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Por R.B.G.

Buceando en mi estresado cerebro en busca de ideas para el blog, me tropecé con una: hace tiempo tuve que hacer una redacción en inglés sobre mi película favorita. Odio tener que escoger entre algo favorito, pero me acordé de “Delitos y Faltas”, de Woody Allen. Y seguí pensando, buceando un poco más hacia las profundidades y recordé que en una esquina de una de mis neuronas estaba aposentada una escritora científica del New York Times, especializada en Neurociencia: Sandra Blakeslee  http://sandrablakeslee.com/

Esta vez buceé directamente en su web y pensé…” ¿algo de lo que dice esta señora puede tener que ver con los “Delitos y Faltas”, de Woody Allen”?

Por si alguien no ha visto “Delitos y Faltas”, es una gran película que rodó Woody Allen en Nueva York en 1989. Se desarrollan dos historias, primero paralelas que posteriormente se entrelazan entre ellas. Por un lado tenemos a un rico y famoso oftalmólogo, de excelente reputación y estupenda mujer y familia. Su vida color de rosa sólo tiene un problema: su amante. El hombre quiere romper la relación con su amante y ella no quiere. Por otro lado tenemos a un idealista director de documentales con problemas económicos. El oftalmólogo pide ayuda a su hermano mafioso para hacer “desaparecer” a su amante. El director de cine tiene que someterse a la desagradable tarea de rodar un documental sobre su cuñado (a quien odia), para poder seguir haciendo lo que le gusta (otro tipo de películas). 

 

 

Aparte de introducir diferentes temas, metafísicos (Dios, la inmortalidad), religiosos (fe, pecado, perdón), físicos (vida, muerte, dolor) y éticos (moralidad, justicia y virtud), filosóficos (moralidad, justicia, virtud), filosóficos (verdad, dudas) y psicológicos (remordimientos, justicia, virtud)….hay un crimen…Pero finalmente, yo quería ir a parar a un punto: cómo tu personalidad y tus puntos de vista morales pueden cambiar bajo presión. Presiones económicas, problemas de salud, fin de una relación….Pueden cambiar o puede que no cambien. ¿Está esto regulado en algún lugar de nuestro cerebro? 

Dice Sandra Blakeslee (el artículo es un poco “antiguo”, de 2005) que mediante escáneres cerebrales se logró sacar a la luz algo que nunca se había conseguido encontrar en algún lugar de nuestro cerebro: “la conformidad social”. El estudio se basó en los famosos experimentos de laboratorio del psicólogo Solomon Asch:

http://es.wikipedia.org/wiki/Experimento_de_Asch

En estos estudios, se mostraba a los sujetos dos cartas: en la primera había una línea vertical; en la segunda había tres líneas, una de ellas de la misma longitud que la primera carta. En el experimento había sujetos verdaderos y sujetos cómplices. Primero se preguntaba a los sujetos qué línea de la segunda carta era de la misma longitud que la primera y la respuesta era bastante obvia. Pero luego el Dr. Asch pedía la opinión a sujetos (cómplices) y todos daban respuestas incorrectas. El sujeto verdadero (no cómplice), aun siendo evidente la respuesta correcta, cambiaba de opinión al verse abrumado por las respuestas del resto. El objetivo final del experimento era estudiar qué condiciones influyen sobre un individuo para permanecer independiente o someterse a las presiones de grupo, aun cuando estas son contrarias a la realidad. 

(Curiosamente, estos experimentos nos recuerdan a algunos de los ya descritos aquí). 

El Dr. Asch murió en 1996,  sin tener claro si las personas que dieron la respuesta correcta sabían que estaban equivocadas o la presión social cambió sus percepciones. 

Según el artículo de Sandra Blakeslee, mediante resonancia magnética se pueden encontrar en el cerebro áreas de “conformidad social” en zonas donde la percepción es lo más importante. Pero el juicio independiente (es decir, quedarse con la opinión de uno, sin influencia de los demás), mostraba áreas de actividad en zonas relacionadas con la emoción, lo que demuestra que ir “contra el grupo” tiene un coste. Se concluye que “nos gusta pensar que lo vemos es lo que creemos”, y demuestra que la información de otra gente puede cambiar nuestras percepciones a nivel muy profundo.

En muchas áreas de la sociedad (elecciones, jurados populares), se acepta resolver conflictos con la “regla de la mayoría”. Hay una razón para ello, pues para algunos, la mayoría representa la sabiduría colectiva y tiene más valor que la opinión de una sola persona. Pero la superioridad del grupo puede desaparecer si los individuos se sienten presionados. 

¿Puede la insatisfacción de soledad hacer que la opinión de la mayoría parezca mejor que la propia? ¿Puede esto afectar a nuestro cerebro de una manera no consciente?

Si la opinión de los otros puede afectar nuestra visión de la realidad, entonces… ¿qué es realmente lo verdadero? ¿Dónde está el límite de la verdad?

Si la gente fuera consciente de su vulnerabilidad, ¿podría evitar la “conformidad social “cuando creen realmente que tienen razón? 

Demasiadas preguntas y pocas respuestas. En fin, que no sé si tiene mucho que ver con Woody Allen, pero invita a reflexionar… ¿No? ¿Qué dice la “mayoría”?

 R.B.G. 

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Siguiendo con el cambio climático, ¿alguien se ha preguntado sobre la antigüedad de este concepto? Hemos tratado en posts anteriores cómo se ha ido agudizando este fenómeno en las últimas décadas y son muchos los científicos que achacan este cambio en el patrón normal de conducta del clima y este sobre-calientamiento global al hombre, a su industria y a su poder. Quienes estudian  el cambio climático han encontrado en este fenómeno los inicios de una extinción como la que acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años, el fin de gran parte de la biodiversidad que puebla nuestro planeta.

Se la conoce como sexta extinción y puede ser ya considerada como una realidad que no dejará ver bosques imperturbables y vírgenes dentro de 50 años, que frenará la evolución de nuevas espécies en puntos máximos de biodiversidad como los trópicos.

Pero tambien es cierto que si viajamos atrás en la historia de nusetro planeta, veremos que a ella la han predecido cinco grandes extinciones, mucho más veloces de las que queda aún mucho por descubrir aunque también se les asocia un cambio climático.

  • En la primera gran extinción conocida (hace unos 440 millones de años) el cambio climático fue relativamente severo y acompañado con un enfriamiento global repentino y parece ser la causa de la primera de las extinciones masivas al final del periodo Ordovícico. Esta extinción causó cambios profundos más que todo en la vida marina, pues existía poca o ninguna vida terrestre en ese tiempo. El 25% de las familias de seres vivos que habitaban el mundo en quel momento desapareció.
  • La segunda extinción (hace unos 370 millones de años) cerca del final del Período Devoniano, puede o no haber sido el resultado de cambios climáticos globales. Aquí, desapareció el 19% de las familias.
  • La tercera extinción fue la mayor y la más masiva (hace unos 245 millones de años).En el final del Período Pérmico han sido una amalgama compleja de cambio climático posiblemente enraizado en los movimientos de las placas tectónicas. Sin embargo, evidencias muy recientes han sugerido que un impacto bolídico similar al evento al final del Cretáceo puede haber sido la causa. El 54% de las familias desapareció.
  • Al final del Período Triásico se da  esta cuarta extinción cuyas causas siguen sin precisarse. El 23% de las familias desapareció.
  • La quinta extinción es quizás la más famosa y la más reciente. Ocurrió a finales del Cretáceo y eliminó por completo al resto de los dinosaurios terrestres y a los amonitas marinos, así como a muchas otras especies a lo largo del espectro filogenético y en todos los hábitats que se han examinado en el registro fósil. En la última década se ha llegado al consenso de que este evento fue causado por una colisión entre la Tierra y un bólido. Sin embargo, algunos geólogos apuntan a fenómenos volcánicos que originaron las trampas de Deccan en la India, como parte de la cadena de eventos físicos que perturbó a los ecosistemas tan severamente como para causar la rápida extinción de muchas especies terrestres y marinas. Aquí, se perdió el 17% de las familias.

Parte de la información está basada en el siguiente artículo.

Para que a parte de estudiar el cambio climático actual, conozcamos todos los que ha vivido el planeta a lo largo de sus 4600 millones de años de historia, hasta esta sexta extinción con la que actualmente convivimos.

 

Por NPM

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Supongamos que has decidido acudir a una conferencia y en la primera diapositiva aparece Laurence Fishburne ofreciéndote elegir entre dos pastillas, una roja y otra azul. Como seguramente ya sabrás, si eliges la pastilla azul seguirás habitando el mundo que ya conoces. Si en cambio eliges la pastilla roja entrarás en otra dimensión, en la verdadera realidad, y comprobarás que tu vida anterior era una ilusión. Así comenzaba la trilogía Matrix.

Y tú, ¿cuál escogerías?

 

 

En realidad no importa la pastilla que elijas, porque no hay pastilla. Y no porque, digamos, no exista Matrix, sino porque ya está aquí. Porque en realidad siempre lo ha estado.

 

La fundación Cosmocaixa de Barcelona inició el mes pasado una exposición titulada Abracadabra que se acompaña de una serie de conferencias sobre la relación entre la magia y la neurociencia. La primera de ellas tenía como título: Ilusión e ilusionismo: cómo engañar al cerebro con la magia y otros trucos. Los dos ponentes eran Susana Martínez-Conde, directora del Laboratorio de Neurociencia Visual del Barrow Neurological Institute, en Phoenix, y Miguel Ángel Gea, ilusionista madrileño.

(bonito nombre para una profesión: ilusionista)

Fue la doctora Martínez-Conde la que inició su charla con la imagen de Matrix. Y con ese fotograma se anunciaba ya una declaración de intenciones; en cierto modo se rehuía la charla meramente técnica para entrar en un terreno más divulgativo. Y su campo de trabajo es lo suficientemente visual y atractivo como para no abandonar ese plano. Éste es un resumen no exhaustivo y desordenado de lo que allí se dijo. Se renuncia a un hilo fijo. Se sucumbe a la fuerza de los ejemplos y la imagen. Supongo que en el fondo era algo así lo que se pretendía.

 

Existen tres posibilidades para generar una ilusión: ver lo que no hay, no ver lo que hay, o ver algo diferente a como es.

Yo pienso cuando de pequeño me explicaron el concepto de átomo. Que todo lo que vemos está formado por pequeñas partículas muy separadas unas de otras. Y no sé por qué la primera imagen que elegía era siempre una mesa. De madera. Y no entendía pero me asombraba pensar que esa mesa era en su mayor parte hueca. Hueca pero absolutamente sólida. Una barrera de huecos inexpugnables.

Me convenzo inmediatamente de que no hay pastilla roja o azul. Que no podemos elegir. A lo sumo pretender conocer.

Una de las ilusiones más famosas es la de los objetos imposibles. Éstos son construcciones que pueden representarse pero que, sin embargo, no pueden existir dentro de nuestras tres dimensiones. Uno de los artistas que más trabajó con ellos fue M.C. Escher, aunque el ejemplo más conocido quizás sea el triángulo de Penrose, creado por Oscar Reutersvärd, que ha sido construido en la realidad, y sobre el que se puede ver un vídeo explicativo pinchando aquí.

 

  

 

(La doctora Martínez-Conde sugiere que la ilusión es la base del arte. No me convenzo inmediatamente. Luego pienso que el arte depende de un extrañamiento que sin embargo no llegue a ser del todo ajeno. Acepto su parte de verdad.)

Un tipo de ilusión es lo que se conoce como ceguera. Se distinguen varios tipos: ceguera por el movimiento, ceguera al cambio, ceguera por atención y ceguera a la elección.

Un ejemplo de ceguera por el movimiento lo puedes ver aquí. Si miras fijamente al punto verde que parpadea comprobarás cómo los puntos amarillos fijos van desapareciendo alternativamente. Es un ejemplo claro de ilusión de invisibilidad.

La ceguera al cambio es, si cabe, más espectacular. Un trabajo especialmente conocido es el truco de la carta que cambia de color, diseñado por Richard Weisman, un neuropsicólogo que previamente se había dedicado a la magia. Puedes verlo pinchando aquí. Son tres minutos e incluye todo el proceso que permite llevarlo a cabo. Otro ejemplo de este tipo de ilusión proviene de un anuncio de la televisión inglesa con el que se pretendía aumentar la seguridad hacia los cicloturistas. En él se recrea la escena de un crímen y el espectador debe intentar contar todos los cambios que se suceden en el decorado durante el escaso minuto que dura la escena. Con él pretendían hacer llegar el mensaje de que a pesar de prestar una gran atención, existen multitud de cambios alrededor que nos pasan desapercibidos, por lo que deben extremarse las precauciones. Puedes verlo pinchando aquí e intentar captar todas las variaciones que tienen lugar. Verás que es toda una sinfonía.

El caso opuesto a este último lo representa la llamada ceguera por atención. En el siguiente vídeo verás dos equipos de baloncesto de cuatro personas, unos con camisetas blancas y otros con camisetas negras. Durante treinta segundos escasos debes concentrarte en contar los pases que hacen entre sí los miembros del equipo de blanco. Pero debes prestar especial atención y no descuidarte en ningún momento, porque los movimientos se entrecruzan y es difícil no perder la cuenta.

 

 

 

 

No, apenas nadie ve al oso. Hay quien incluso conociendo el juego, si presta la suficiente atención, consigue no volver a verlo. 

(Al Pacino, en una entrevista hace unos años, decía que la felicidad estaba en la concentración.)

(Mientras avanza la charla me pregunto, tibiamente, para qué servirán todas estas investigaciones, todos estos experimentos. Cuál puede ser su utilidad. Me fascino por el conocimiento, por la extrañeza que suponen, pero no puedo dejar de buscar una aplicación. Me avergüenzo al momento de la falta de perspectiva. La atribuyo a la hora, al cansancio. Me preocupo.)

El último caso de ceguera del que se habló fue el de la ceguera a la elección. La base de este experimento la desarrolló el equipo de Petter Johansson, y su diseño, en esencia, es bastante sencillo. Uno de los experimentadores enseña a los voluntarios dos fotos de personas diferentes aunque con cierto parecido y les pide que escojan aquella que les resulta más atractiva. El proceso se repite con varias parejas de fotografías y, después, se les pide que expliquen los motivos de sus distintas elecciones. Los voluntarios se quedan con las fotografías que eligieron, pero el experimentador está entrenado para cambiar algunas de ellas por las que desecharon. En la mayoría de las ocasiones, cuando los voluntarios explican las razones de su elección, no reconocen el cambio, y lo que hacen es confabular para justificar la elección que en realidad no han hecho. Uno de ellos, por ejemplo, al serle mostrada una mujer rubia, aseguró que la escogió debido a que él prefería a las mujeres rubias, cuando en el momento de la elección había escogido a una mujer morena apuntando precisamente que prefería a las mujeres de pelo más oscuro.

Y ésto es lo que sucede en la superficie, en la ausencia de patología. Aún más fascinante es lo que ocurre al profundizar. Oliver Sacks es un famoso neurólogo que ha escrito numerosos libros sobre casos clínicos, alguno de ellos llevado al cine como en la película Despertares, con Robert de Niro. Su obra más conocida, sin embargo, sea seguramente “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero“. Este título corresponde a un ejemplo real, que fue aprovechado incluso en la serie Ally McBeal para ilustrar un caso en el que un hombre golpeaba a su mujer porque confundía su cabeza con un balón. Es un ejemplo extremo de lo que se conoce como prosopagnosia, o incapacidad para reconocer las caras. Otro ejemplo aún más raro es el llamado Síndrome de Antón, o anosognosia, en el que una lesión cerebral da lugar a lo que se conoce como ceguera cortical. En este caso los pacientes están imposibilitados para ver, pero son incapaces de reconocer la enfermedad, tanto a otros como a sí mismos, y confabulan, inventando situaciones o imágenes que realmente no pueden captar pero con las que pretenden rellenar ese hueco sensorial.

Durante la charla alguien pregunta si, conociendo todo ésto, podemos realmente fiarnos de los testimonios de un testigo en un juicio. Martínez-Conde responde tajantemente que seguramente no. Comenta que se hizo un estudio en el que se preguntaba a los voluntarios la velocidad a la que circulaban dos coches, uno rojo y otro verde, que sufrían un accidente. Pero las preguntas se podían formular de dos maneras diferentes. En la primera se les preguntaba simplemente por la velocidad que llevaban antes de chocar. En la segunda, sin embargo, se  les consultaba sobre la velocidad que llevaban antes de que el coche rojo se estrellara contra el verde.  En este segundo caso, el coche rojo parecía ir mucho más rápido que en el primero. (Hoy, en El País, un artículo recoge que el 80% de las condenas a inocentes se debe a un error de identificación, aunque aquí se mezclan otras causas, más emocionales, más relacionadas con la memoria que con la propia percepción.)

Si hay una ciencia social, es la neurociencia.

 

 

Las palabras mágicas son: amor, humor y libertad.

¡Mezcla, mezcla, que tú has venido aquí a mezclar!

¿Has traído tu dedo índice?

Juan Tamariz.

 

En la segunda parte de la charla, el protagonista fue el mago Miguel Ángel Gea. La interdisciplinariedad enriquece la comunicación, no cabe duda. El mago comenzó su intervención agradeciendo a los científicos el estudio de su disciplina. Sus investigaciones les están permitiendo empezar a  conocer por qué funcionan sus trucos. Unos trucos de los que durante años prácticamente lo único que sabían era precisamente que funcionaban.

Es un empirismo tan puro, y un agradecimiento tan creíble, que vuelvo a preocuparme y avergonzarme por mi transitoria falta de perspectiva. Por mi sesgo de inmediata utilidad.

Nos comenta que la magia se basa en tres pilares: elementos técnicos, habilidad e ingenio. Y que pueden mezclarse o usarse independientemente. Que pueden adaptarse. También que en muchas ocasiones los trucos se basan en un condicionamiento. Para hacer desaparecer una moneda que va de una mano a otra, primero hay que mostrar el movimiento varias veces. Después, sin modificar aparentemente nada en ese proceso, es cuando puede desarrollarse el truco. Si la moneda va de una mano a otra, de izquierda a derecha, y si siempre se muestra en una mano o en otra, el cerebro acaba rellenando la información que le falta y le otorga un lugar a dicha moneda. El condicionamiento previo permite que una ligera e imperceptible modificación provoque la sorpresa.

(Pienso en N., científica, que cree en los horóscopos pero que, paradójicamente, se niega a ver cualquier tipo de truco. Porque se escapa a su control, dice.)

También el uso del humor, como parte de un espectáculo, pero también como distracción. Alguien comenta que durante la risa baja notablemente la atención. Pienso en el concepto de la risa como ceguera. Y también en aquello que escuché una vez: los que se ríen son más felices, porque al achinar los ojos, sólo es una mitad del mundo la que ven.

Pero eso seguramente sea otro tema distinto. Para otra ocasión.

El de hoy es el convencimiento de que vivimos en Matrix. Y el primer paso es reconocerlo. El segundo, seguramente, seguir conociéndolo.

 

 

 PD: En el turno de preguntas alguien comentó que los indígenas americanos no podían ver las carabelas españolas al llegar a sus costas. No porque consiguieran esconderse, sino porque nunca antes las habían visto, porque no las conocían. Martínez-Conde respondió que ya había oído esa historia otras veces, pero que científicamente era imposible, que no suponía más que una leyenda urbana. El responsable del museo dudó también de la historia, porque se sabe que los mayas, en aquellos tiempos, ya fabricaban barcos parecidos. Miguel Ángel Gea estuvo de acuerdo en que seguramente fuera una leyenda. Luego, sonriendo, añadió: pero qué bonita.

 Por JMG 

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El martes 11 de enero de 2010 murió, a los 89 años,  Eric Rohmer. Leyendo los periódicos, me dí cuenta de que había visto casi todas sus películas. Seguí leyendo, para ver  lo que escribían los expertos sobre este longevo cineasta, director y crítico de cine, además de profesor y escritor. Y encontré esta frase: “El cine de Eric Rohmer se parece a ver crecer una planta”.

¿Y por qué el cine de Eric Rohmer se parece a ver crecer a una planta? Porque es aparentemente simple, porque en sus películas parece que no pasa nada, todo es cotidiano. Como ver crecer a una planta; si la miramos de un día para otro, no notamos que crece, parece que no ha pasado nada, es algo aparentemente simple y que forma parte de nuestro entorno cotidiano. Pero nada es lo que parece, todo es más complicado de lo que aparenta. 

Las películas de Rohmer, de apariencia simple y llana, con historias que parecen triviales y sin sobresaltos, abordan temas que por ser cotidianos no son menos importantes: ¿por qué a veces nos empeñamos en seguir por un camino que no es el nuestro? ¿Por qué la gente siente empatía hacia alguien determinado y no hacia otro? ¿Por qué a veces llenamos los vacíos de palabras, aunque no haya nada importante que decir? ¿Por qué a veces queremos aparentar, sin querer, quien no somos? Todo esto lo explica Rohmer con una gran agudeza intelectual y con un gran sentido moral (y del humor).  Declaraba Rohmer en una de sus entrevistas: ” (…) yo no digo cosas en mis películas, yo muestro gente que habla y se mueve como los paisajes, las caras, los gestos y sus comportamientos (…)”.

 

 

 

¿Y las plantas? Pues lo mismo. No son simples, aunque a ojos de algunos lo parezcan. Las plantas crecen cotidianamente en nuestro entorno, y no dicen nada, pero a través de los días nos muestran el paso del tiempo.  Las plantas buscan la luz para procesar los nutrientes, vivir, crecer y reproducirse. Y están pegadas al suelo, porqué ahí están sus raíces, que usan para captar esos nutrientes y para conseguir agua. Y eso posibilita la fotosíntesis, el proceso bioquímico en el cual la energía solar es transformada en energía química para posteriormente ser utilizada en la formación de moléculas orgánicas, cómo los carbohidratos.

 

Los personajes de Rohmer tienen sus objetivos, algunos no saben ni que los tienen y otros no conocen los caminos que les llevarán a ellos. Algunos, en sus películas más optimistas, llegan a alcanzarlos, aunque sea de manera inconsciente o por casualidad. Sus películas con regusto amargo nos muestran cómo hay personajes que no saben o no pueden llegar a un objetivo. 

A veces, los factores externos pueden hacer más dificil el camino. En una planta estos factores pueden acelerar o ralentizar su crecimiento; o pueden hasta impedir que crezca o hacer que no sea típicamente verde (las plantas que crecen en la oscuridad no tienen color verde, sino un color blancuzco, ya que no se forma la clorofila). Demasiada luz, demasiada agua, muchas corrientes de aire. O bien oscuridad o sequedad. Como los protagonistas de Rohmer, quienes a veces encuentran su camino “ayudados” por la climatología, la estación del año o las vacaciones. Pero esto ya es otro tema, las estaciones del año y las películas de Rohmer. 

Como en el título de una novela de la escritora Zoe Valdés, “La Nada Cotidiana”; precisamente en lo cotidiano está todo concentrado, lo cotidiano no es despreciable, lo cotidiano nos ocupa la mayor parte de nuestro tiempo. No despreciemos la cotidianidad y de vez en cuando (aunque yo no lo haga), parémonos a mirar cómo han crecido nuestras plantas. Y si tenemos más tiempo, démonos un homenaje y un día cualquiera, banal y aburrido, como cualquier otro, sentémonos a mirar alguna de las películas de Rohmer.

(http://maestrosdelcine.galeon.com/biorohmer.html)

 

(continuará…)

 

Por Roser Bosser

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“Las abejas y las hormigas -que evolucionaron a partir de las avispas- inventaron la inteligencia social 100 millones de años antes que nosotros, en pleno cretácico. Las colonias de hormigas son capaces de resolver problemas geométricos. Por ejemplo, calculan a la perfección el punto del hormiguero que está más lejos de todas sus bocas de entrada. No lo hacen por exhibicionismo, sino para depositar allí a las hormigas muertas.

Estas capacidades son tan notables que los ingenieros han tenido que copiar la idea, y usan desde hace unos años varios tipos de hormigueros virtuales para resolver computaciones. La nueva publicación científica Swarm Intelligence  (http://www.springerlink.com/content/1935-3812) está dedicada por entero a este tipo de sitemas. Computación con hormigas. La inteligencia del enjambre.” (…)

 

(Texto completo en El Enjambre. Javier Sampedro. El País, 3/01/2010)

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